miércoles, 4 de noviembre de 2020

CRelato Literario, 8La sirenita. VIIIMolina

Cómo comenzó todo

Érase una vez… En las profundidades del mar, en mitad del inexplorado océano, se encontraba un reino habitado por pequeñas y grandes criaturas marinas que, pese a sus diferencias, formaban un acogedor hogar. Este lugar estaba plagado de numerosos corales de una extraordinaria belleza y se ocultaba del resto de criaturas por altísimos muros formados por diferentes especies de plantas y flores hermosas. Y, si te fijabas bien, al final, se podía divisar el majestuoso castillo del Rey del Mar.


Esta historia comenzó durante la juventud de Úrsula, cuando esta vivió el hundimiento de un barco muy cerca del Reino. Este hecho cambiaría su vida para siempre, dejaría de ser una amable sirena y se convertiría en el monstruo que ahora atormenta los mares. Ese inesperado día, la joven sirena, con toda su buena intención, se acercó a la superficie para intentar ayudar pero fue entonces cuando, de repente, su corazón y su respiración se detuvieron durante unos segundos. Había visto a la persona más bella que podría haber imaginado en peligro y, cuando consiguió volver en sí, intentó salvar la vida de este humano del cual se había enamorado a primera vista. Y así lo consiguió. Casi a costa de su propia vida, y de ser vista y capturada, Úrsula salvó la vida de aquel muchacho sin pensárselo dos veces, acercando su cuerpo a la orilla de una escondida playa pero, sin embargo, él no se lo agradeció pero sí se marchó con la promesa de volver ese mismo día a por ella, dejando a Úrsula con el corazón encogido de la emoción. 


Así, tras caer agotada por el esfuerzo, se despertó de un tan necesario y merecido descanso flotando cerca de la orilla, muy alejada de su reino y, con la mirada algo borrosa logró avistar a lo lejos un barco que se dirigía hacia ella con vítores y luces estridentes, tripulado por varios hombres, entre los que se encontraba su amado, que agitaban sus armas y redes de manera furiosa al grito de “¡Capturemos a la sirena!, ¡Arranquémosle la cola!”


Úrsula se apresuró, se recompuso lo más rápido que pudo y huyó. Lograr escapar de aquellos humanos fue la cosa más dura y difícil que la sirena había vivido jamás, y desde ese momento, algo dentro de ella cambió. Se sintió utilizada, como un mero ser extraño al que la persona de la que se había enamorado quería capturar. Se volvió fría como el hielo y la maldad reinaba en su ser; su cola se transformó en tentáculos y su piel se tornó en un escalofriante color morado, ya no era una bella sirena, ni en su interior ni en su exterior. 


Muchos años después, el Rey del Mar tuvo seis hijas hermosas. Ellas disfrutaban jugando y cantando todo el día bajo el mar. Ariel, la más pequeña, era la más especial pues le fascinaban las increíbles historias de los seres humanos, tanto que soñaba con salir a la superficie algún día y conocer a esta magnífica especie. A Úrsula le recordaba tanto a ella, que decidió que jamás permitiría algo así, evitaría a toda costa que la joven princesa contactara con los humanos ni pisara la superficie terrestre, todo por su seguridad.  


Para lograr esto, Úrsula creó el Ejército de las Sirenas, responsables de que nadie quebrantara las reglas, y que se cumpliese la Ley de Mar sobre la prohibición de entrar en contacto con los seres humanos. Sin embargo,dicha ley no siempre era del todo justa pues prohibía totalmente que cualquier criatura del océano saliera a la superficie, así que mucho menos una joven y enamoradiza como Ariel lo haría. 


De pronto, un día, el mismo suceso ocurrió de nuevo. Llegó una fuerte tormenta que rompió un barco que pasaba justo por encima del reino marino y todos los navegantes gritaban atemorizados, desesperados ante la inevitable muerte que les acechaba. La Sirenita revivió exactamente la misma situación que Úrsula unos años atrás, como si de una maldición se tratase. 


Los estrepitosos movimientos del barco hicieron al apuesto joven caer al mar. La sirena se apresuró para rescatarlo y llevarlo a la orilla, donde estaría a salvo. Se había armado de valor y había asegurado la vida de su príncipe, pero debía regresar al fondo del mar antes de que la descubrieran el resto de personas y aquellos de su propia especie. 


Desde ese momento, volvió a subir cada día a la superficie, en busca de su amado, pero nunca volvió a verlo. Mientras tanto, Úrsula, desde su guarida, había vigilado sigilosamente todo lo sucedido y a pesar de su frío carácter, se enternecía cada vez que veía bajar tan triste a la Sirenita por no encontrar a su amor, pues ella, la entendía a la perfección…


Úrsula ya había sufrido la triste realidad de enamorarse y ser traicionada en el mismo día y deseaba que a la joven Ariel no le ocurriera lo mismo, su negro corazón todavía albergaba algo de amor y bondad. Así, la que en su día fue sirena, comenzaría a planear cómo evitar de nuevo la desdicha de otra inocente chica, aunque esto supusiera el dolor, la pena e incluso la muerte de esta, todo mal sería menor en comparación con convertirse en un objeto de análisis de unos infames marineros. 


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