ARYA COLA PLUMERO
Érase una vez, en el reino de muy muy lejano, vivía una princesa que rompía con todos los estereotipos del príncipe azul. Y ¿Quién era? Pues quién va ser si no yo, Arya Cola Plumero. Lo de “Cola Plumero” viene porque tengo una cola larga y peluda que voy recogiendo con ella todo el polvo del palacio. Soy una gatita, y está feo decirlo de una misma, astuta, ingeniosa, aventurera y glotona, (Me encantaaaa comer) y siempre busco lo mejor para los aldeanos de mi reino, a la vez que me gusta ayudarles compartiendo mis riquezas con ello, bueno, más bien las riquezas de mi padre, el rey Harold. Ahora que lo nombro diré que es un hombre honrado y de gran corazón y que solo busca “lo mejor” para mi, bueno, más bien lo mejor para él, ya que me quiere casar con el Rey Pico de Tordo, para juntar las dos coronas y así enriquecerlas.
Yo no busco ningún príncipe ni rey encantado del que enamorarme, yo solo quiero salir de aquí en busca de aventuras y convertirme en una justiciera. Os voy a contar un secreto: cuando me escapo de mis aposento, los cuales se encuentran en la más alta torre, paseo por las calles donde viven los aldeanos y los escucho hablar de un bandolero que vive por el bosque que rodea el reino, dicen que es un zorro que se dedica a robar a los ricos para dárselo a los pobres, su nombre es Robin Hood. Lo admiro tanto, ojalá algún día pudiese ser como él.
La verdad, estoy súper cansada de recibir la visita de gatos pretenciosos que solo vienen a palacio a pedirle mi mano a mi padre. Llegan de todas partes, del arrabal, de Egipto, incluso de un lugar de la mancha de cuyo nombre… Bueno, no me acuerdo. Pero si os soy sincera, yo no tengo ilusión por casarme con nadie, y menos de estas formas. Porque a ver si se enteran de que soy una gata fuerte e independiente.
Un día, llegó un audaz caballero, el famoso Don Quijote de la Mancha. Nada más verlo, supe al instante que él podría ayudarme a planificar mi huida. Así que, le conté mis deseos y me propuso un plan: irme a vivir aventuras con él y su escudero Sancho Panza. Evidentemente, no dudé ni un segundo.
Al amanecer, huí del reino muy muy lejano, dejándolo muy muy atrás junto a mis nuevos amigos. Antes de comenzar esta nueva aventura, me calcé mis nuevas botas marrones de piel que me regaló la noche anterior mi gran amigo Woody, el cowboy. Sabía que me darían suerte. Así pues, comenzamos a galopar al más puro estilo aventurero “Don Quijote de la Mancha”, solo podía sentir el aire fresco en mis bigotes y la felicidad de estar donde estaba.
Llevábamos días sin apenas comer, beber y dormir. Pero lo que más me confundía, era que nadie de palacio había salido en mi busca. Entre pensamiento y pensamiento, de repente me di cuenta de que había perdido a Don Quijote y Sancho, o más bien, me había perdido yo. En ese mismo momento fue cuando me encontré con mi siguiente aventura. A lo lejos vi una manada de gatos que no se parecían en nada a los gatos de palacio.
- ¡Ey, vosotros!, ¿Quiénes sois?
- Pues, ¿Quién vamos a ser?, los Gatos Guerreros. Todo aquel que se cruza con nosotros, se une a este clan, ya que somos expertos en buscar grandes aventuras.
No me faltó más conversación para unirme a ellos durante una temporada.
Llegó el día en el que tenía que retomar mi camino, mi propia aventura. Así fue como, agradecidamente me despedí de mis amigos los Gatos Guerreros jurando volver a vernos.
Pero aquí no acaba la cosa, caminando caminando me encontré con un gato que yo nunca jamás en mi vida había visto. No tenía pelo y parecía más viejo que Matusalén. Resulta que era un gato del antiguo Egipto, el cual te decía que camino coger si descifrabas un enigma. Y os tengo que decir que a mi esto de los crucigramas nunca se me ha dado nada pero que nada bien. Por suerte, apareció un viejo amigo mío, Juan el Zorro. Él estaba acostumbrado a resolver los enigmas del Gato Egipcio ya que pasaba a diario por aquí. Y así fue como una vez más, agradecidamente seguí mi camino.
Tras una semana andando sola por el bosque, visualicé a lo lejos del camino un paisaje diferente del que llevaba días viendo. De repente, todo eran edificios, y entre ellos se podía ver una torre muy alta idéntica a una que aparece en un cuadro del gran salón de palacio. Había llegado a París, la ciudad del amor, o al menos eso dicen las princesas de mi reino. Y la torre tan alta era la Torre Eiffel, estaba emocionada.
En ese momento, desubicada, fui sorprendida por un gato arrabalero:
- Hola guapa, soy Thomas O'malley.
- Gracias por el piropo Thomas, pero prefiero que me llames por mi nombre, Arya cola plumero.
Enseguida entendimos que estábamos hechos de la misma pasta. Me presentó a todos sus amigos, gato Jazz, Shun Gon y unos cuantos más. Viví unos días increíbles con todos ellos. Pero una vez más tuve que decir “Hasta la vista amigos, agradecida estoy”.
Bajo la enorme luna llena de París, comencé a pensar en todos los amigos que había hecho tras mi huida de palacio, los lugares que había conocido y las aventuras que había vivido. Pero me seguía faltando algo, no sé qué, pero tenía una sensación de vacío. ¡Claro, era hambre!. Por la emoción me había olvidado por completo de comer. Mi olfato felino se agudizó de repente y empecé a seguir el rastro de un delicioso olor a carne picada y bechamel, este me llevó a la puerta de un restaurante italiano. En ese momento solo podía pensar que era mi dia de suerte, ¡comida italiana, mi favorita!. Al entrar al restaurante, me senté en una mesa, pedí mi plato favorito, una gran lasaña y comencé a engullir. Me percaté que solo había un comensal más, era un gato gordo y con cara de sueño, eso sí, con un pelaje anaranjado realmente envidiable. Y para mi sorpresa, no me preguntéis por qué, me llamó la atención, así que, me acerqué.
¡Garfield! Todo lo contrario a los príncipes que venían a pedir mi mano, no se parecía en nada a ellos, y tampoco a mi, pero era genial. Yo le enseñé a trepar árboles y él me enseñó a tragar lasaña sin ni siquiera masticar, yo le enseñé a galopar y combatir y él me enseñó a tumbarme en el sofá y ver largas horas de televisión. Me enseñó a calmar mis ansias y a relajarme un poquito. Realmente, ahora si que si estaba completamente agradecida.
Y este es nuestro relato, a continuación os dejamos el audiolibro que hemos creado para representarlo, esperamos que os guste tanto como a nosotras.