¿Sigues intrigado sobre La Bella Durmiente?
¿Y sí te dijéramos que tenemos un relato muy diferente a todos los que conoces o has conocido gracias a nuestra constelación multimodal?
Si quieres conocerla, sigue bajando... 👇👇👇
Eso sí, nos tienes que guardar el secreto🙊.
Relato Literario: Sueño de una noche de verano
Toc, toc, toc.
–¡Buenos días, Bella Durmiente!
Martina empezó a abrir los ojos muy lentamente mientras su madre se acercaba y le daba un beso. “Espera, espera, espera. ¿Cómo que un beso?”, pensó Martina. Pero si su madre siempre la despertaba a ella y a sus hermanos a gritos y con prisas. Se podría decir que era bastante más Maléfica que Hada Madrina.
Entonces, ya más despierta, se fijó bien en su madre. ¡No era su madre! Esta mujer era rubia y sonreía mucho. Además, sus ojos transmitían paz. Definitivamente, esa no era su madre. La mujer, al ver su expresión, se despidió y salió de la habitación. Martina, en ese momento se dio cuenta de otra cosa: tampoco estaba en su habitación. ¿Cómo no lo había notado antes? Su cama, su almohada y sus sábanas jamás habían sido tan cómodas ni suaves. Cada vez más sorprendida, se levantó y empezó a vestirse a toda prisa, como todos los días, para que su padre no le pegara por hacerle llegar tarde.
Cuando salió de la habitación se encontró con una casa preciosa, luminosa y, sobre todo, muy acogedora. Al ver otro dormitorio enfrente del suyo pensó en sus hermanos: ¿estarían ellos allí también? Ellos eran lo mejor de su vida, solo se tenían ellos tres cuando sus padres les amenazaban y cumplían esas amenazas. Su hermano Sergio era el mayor y siempre cuidaba de ellos, sobre todo de Álvaro, al que llamaban cariñosamente Hobbit por ser tan pequeño. Desde luego, no parecía que ellos tres fueran los descendientes de sus padres.
–¿Sergio? ¿Álvaro? –dijo Martina.
Pero ninguno le respondió. Y como tampoco había nadie en esa habitación, decidió buscar la cocina para poder desayunar. Al fin y al cabo, seguro que tenía que ir al colegio.
Al entrar en la cocina y oler el desayuno, sus tripas rugieron: la noche anterior ni había cenado. Estaba devorando las deliciosas tostadas cuando notó que algo tiraba de su camiseta.
–¡Álvaro! –dijo muy feliz cogiendo en brazos a su hermano.
–Buenos días, hermanita –la sorprendió Sergio guiñándole un ojo.
Pero sin darle tiempo a reaccionar, entró en la cocina la mujer que la había despertado.
–A ver, niños, ¿os apetece que leamos cuentos?
“¿Cuentos?”, pensó Martina. Se suponía que tenían que ir al colegio, ¿no? Pero entonces miró el calendario y se dio cuenta de que eran vacaciones de verano. Nada tenía sentido. Ella se había acostado el 30 de octubre en su pequeña cama dura y escuchando los gritos de sus padres. ¿Por qué ahora era verano, su cama era cómoda y todos estaban tan felices? “Casi mejor no pregunto y me quedo aquí”, pensó Martina definitivamente.
–¿Cuentos again? –preguntó Sergio.
–Sí, again! –dijo la mujer.
–Pero yo quiero salir a jugar al parque.
–¿Bajo este sol ardiente de junio? ¡Ni pensarlo! No quiero que os queméis. Oye Martina, ¿lo lees tú?
Seguía sorprendida de la amabilidad y el cariño con que los trataba en todo momento, incluso al no dejar a Sergio jugar en el parque, pero como ya había decidido que le gustaba estar allí, accedió encantada. Entonces se fueron los cuatro juntos al salón y, acercándose a la estantería, Martina pensó “¡Cuánto cuento!”. Cogió uno al azar y comenzó:
–Érase una vez…
Entonces escuchó gritos y se despertó sobresaltada. Otra vez había soñado con esa vida que sus compañeros del cole tenían y que tanto ansiaba para ella y para sus hermanos. Pero de nuevo debía enfrentarse a la dura realidad.

