RELATO LITERARIO
Alí-Babá era un leñador muy humilde de Arabia. Hace mucho tiempo, mientras cortaba leña, vio llegar a una gran cantidad de hombres, aproximadamente cuarenta, que jamás había visto caminar por sus tierras. Algunos de ellos galopaban a caballo, otros avanzaban caminando, pero si algo tenían en común todos ellos era la cantidad de oro y joyas que cargaban a sus espaldas.
Al final de la fila, Alí-Babá pudo ver a tres jóvenes que destacaban dentro del grupo principalmente por llevar una indumentaria un poco extraña y muy diferente a la del resto. Además, llevaban una palabra bordada: “Gryffindor”. Alí-Babá los observaba muy asombrado y se dio cuenta de que, cuando estos tres llegaron frente a una enorme roca en la colina, dijeron una palabras que hasta ahora jamás había oído: ”Alohomora”.
Alí-Babá pronunció la palabra mágica y comprobó cómo parecía que la piedra entendiese su idioma mientras se agrietaba y permitía el paso a su interior. Dentro vio un gran pasadizo oscuro y tenebroso, pero enseguida se dio cuenta que la puerta se cerraba y salió corriendo. En la salida tropezó con una lámpara de oro, la cual recogió del suelo y se llevó con él.
Frotó la lámpara para limpiar la suciedad que tenía por haber estado tanto tiempo tirada en el suelo, con la sorpresa que de dentro salió misterioso hombre de piel azul. Este le contó que, tras su liberación por parte de su amo, unos ladrones lo habían secuestrado y lo habían vuelto a meter dentro de la lámpara pensando que, así, haría realidad todos sus sueños y deseos. Los ladrones iban acompañados de tres magos jóvenes y el genio de la lámpara era lo único que necesitaban para viajar por todos los cuentos y robar todo el oro posible.
En el camino de vuelta a casa, Alí-Babá reflexionó mucho y pensó que la mejor idea era confiar en que la historia que contaba el genio fuese real e intentar restacar a todos aquellos que habían sido secuestrados para devolver a todos los niños los personajes de sus cuentos favoritos.
Emprendieron un largo camino hacia la ciudad de Agrabah con la suerte de encontrarse con dos jovenzuelos llamados Tulio y Miguel que poseian la valentía y la astucia que necesitaban Alí y el Genio para conseguir su objetivo.
En Agrabah no fue difícil darse cuenta de que la ciudad se había convertido en un lugar triste y frío, ya que los ladrones se habían apoderado del reino. Los ladrones habían secuestrado a los amos del Genio, pero con la magia de este y la astucia de Tulio y Miguel consiguieron adentrarse en palacio y rescatar al sultán (padre de Jasmine), a Jasmine y a Aladdín. Los tres personajes, muy agradecidos, se unieron a ellos, pues los ladrones se habían apoderado de la alfombra mágica de Aladdín y necesitaban recuperarla.
A continuación, consiguieron llegar al mágico mundo de La Cenicienta. A ella le habían robado el zapatito de cristal y, además, tenían secuestrado a su príncipe. Tulio no dudó en trepar hasta la ventana más alta para explicarle a la muchacha en qué misión estaban trabajando para que se incorporara al grupo de rescate.
El último viaje, como Tulio explicó a Cenicienta, fue a la ciudad de Londres. En el Cuento de Navidad esta fiesta había desaparecido y, con ella, los regalos de todos los niños. El viejo avaro y gruñón, Ebenezer Scrooge, seguía igual que cada año. Además, los ladrones habían entrado en su casa y se habían apoderado de todos los juguetes que tenía. Los tres fantasmas no podían aparecer este año porque los ladrones los habían secuestrado y habían quedado encerrados dentro de un cofre secreto.
Gracias a la magia del Genio consiguieron abrir el cofre y despertar a los tres espíritus quienes harían cambiar la opinión del viejo respecto a la Navidad. Además, le hicieron reflexionar sobre su avaricia y egoísmo. Decidió cambiar y unirse al grupo para empezar a abrirse camino hacia unos valores encaminados hacia la generosidad y la humildad.
Una vez recuperados todos los personajes, la última misión consistiría en encontrar a los ladrones para liberar a los tres magos con capa a los que habían manipulado, pues la magia se había convertido en un arma muy peligrosa que les permitía conseguir todo lo que deseaban.
Volvieron a la cueva donde Alí-Babá había rescatado al Genio y al pronunciar el conjuro mágico, la colina se agrietó y dejó ver un interior de color dorado. Gracias a las flechas de un pequeño zorro con sombrero verde que se había unido al grupo en el viaje de vuelta consiguieron liberar a los tres jóvenes magos que confesaron haber sido engañados y secuestrados.
Finalmente, la unión de la magia del Genio con la de los tres adolescentes, permitió crear un conjuro para que los ladrones quedasen encerrados para siempre dentro de una pequeña cajita de madera. De esta manera, no podrían volver a robar y, además, cada personaje podría llevarse un pequeño botín a su cuento para compartirlo con aquellos que más lo necesitasen. Tenían claro que el camino de la avaricia sólo les llevaría a un futuro en soledad como el de los ladrones que por haber querido hacerse con tanta riqueza, no podrían disfrutar de ella jamás, ya que nadie en el mundo podría sacarlos de aquella cajita enterrada en lo más profundo de la colina.


