EL CISNE DE SEDA
Versión reducida
Estuvo a punto de no ir. Solo había decidido embarcar en aquel viaje por las insistencias de sus padres. Pensaban que sería bueno para él, pero no entendían cómo era tener que aguantar las miradas y risas. Al ver su torpe e inmensa figura, todos alzaban sus miradas cuchicheando con maldad. Aunque los peores insultos eran los que le gritaban tan fuerte que el instituto enmudecía y solo se oía su vergüenza.
La primera noche había nacido tras un largo día marcado por el sopor del bus. Se notaba un rumor atípico que interpretó como una señal de alerta. Los profesores impusieron el toque de queda a las 23:30, dejando tiempo para dejarse llevar por la noche.
Apenas unos minutos más tarde, empezó a sentirse rodeado. El cerco de manos le oprimía cada vez más. Lo empujaron hasta una callejuela y le arrancaron la mascarilla. Varias chicas se abrieron paso sujetando todo tipo de utensilios como los que guardaba su madre en la cómoda. Cuando ya no les quedó más pintalabios que gastar, le dejaron caer.
Minutos más tarde, se dispersaron. Se imaginó a sí mismo como hijo de Mary Shelley y soñó con ser arrastrado a las profundidades del invierno. Quería alejarse tanto de la realidad que ni siquiera se percató de que alguien le estaba recogiendo del suelo. Entraron en un bar con un elefante de colores en la puerta.
- ¿Estás bien? -preguntó una voz aguda. Sus ojos empezaron a enfocar un rostro extravagante, lleno de purpurina y color. Llevaba un vestido azul.
-Yo solo intentaba dejar de estar -parte del rímel había caído en sus ojos.
-Ven conmigo, te quitaré todo eso.
Siguió a la esbelta figura. Llegaron a los camerinos, donde algunos todavía se estaban preparando. Le señaló que se sentara junto a uno de los espejos y empapó algodón con un poco de tónico facial. Acarició suavemente su rostro, borrando los rastros de humillación. Dejó que el cansancio se personificara en un llanto apagado.
-Puedes llorar todo lo que quieras, cariño -dijo mientras estrechaba su cabeza contra su pecho-. Tienes que tener clara una cosa. No has nacido para vivir en las sombras. Tampoco te voy a mentir, va a ser duro. No significa que todo vaya a solucionarse. Ojalá fuera así. Encontrarás a esos demonios por donde vayas, pero tienes que entender que solo serás libre cuando tú quieras -permaneció unos segundos en silencio-. “Hay un cisne que muere cercado en un palacio. Un cisne misterioso de ropaje de seda que en vez de deslizarse en la corriente leda se estanca fatigado de mirar el espejo”. Pequeño, no seas ese cisne.
Quedó unos minutos callado, asimilando todas aquellas palabras. Su acompañante continuó con la labor de limpieza y cuando terminó, se miró en el espejo.
- ¿Puedo pedirte una cosa? ¿Puedes maquillarme?
Recorrió su piel con mucho cuidado, como si se tratara de un lienzo de porcelana. Trató de captar esa esencia que emana la juventud mezclada con la emoción de la primera vez. Jugó con el aire y el fuego, besó sus labios con el rojo y desplegó la fantasía en sus ojos. El muchacho disfrutaba dejándose llevar por las calles de un universo alterno, en el que por primera vez en su vida se erigía un refugio con su nombre. Bailó con las brochas. El impulso de correr sin destino se hacía más y más presente. El éxtasis electrizó todo su ser, dando paso a un renacer frente al espejo. Aquel era él. Las palabras que resonaban en su mente se materializaron:
-Qué bello eres, pequeño cisne.
NOTAS:
En el texto pueden encontrarse diversas alusiones a los relatos mencionados anteriormente y que aparecen citados en los datos bibliométricos. A continuación, los referenciamos por orden de aparición en el relato, destacando en negrita las citas textuales:
Marie Hugo, V. (1831). Notre-Dame de Paris. París, Francia: Gosseline.
Llor, F. y Porto, M. (2020). Subnormal. Panini Comics
Aguilar, L., & Neves, A. (2008). Orejas de Mariposa. Kalandraka.
Tchaicovsky, P. (1875). El lago de los cines [Obra de teatro]. Rusia, Europa: Moscú.
Shelley, M. (1823). Frankenstein. Londres, Reino Unido: Colburn y Bentley.
Mckee, D. (1968). Elmer. Londres, Reino Unido: Dobson Books.
Storni, A. (s. f.). El Cisne Enfermo. Buenos Aires, Argentina.
Andersen, H. C. (1843). El patito feo. Dinamarca: Ignác Leopold Kober.

