“El pato rosa: un monstruo singular”
Érase una vez un pato rosa (1) que vivía en una nave (2) abandonada en medio de la selva (3). Allí, pasaba sus días con todos los animales de la selva.
El patito rosa llamado Guyi (4) siempre estaba enfadado y rabioso con un carácter avaro, charlatán y muy mal genio (5). Siempre andaba con aires de superioridad y se metía con los demás habitantes de la selva. Cada mañana iba a dar un paseo y terminaba sentado frente al estanque (6), donde sus lágrimas formaban parte de este.
El carácter de Guyi provocaba que nadie quisiera ni jugar, ni hablar con él, por lo que todos los días estaba solo y no tenía a nadie con quien compartir su tiempo. Eso le ponía muy triste, pero no sabía qué hacer para cambiarlo. Seguía comportándose igual, su conducta agresiva y prepotente se manifestaba con cada animal que se cruzaba.
— ¡Buenos días, Guyi! — dijo el pájaro.
— ¡Buenos días! ¿Sabes que tienes unas patas muy gordas? hahaha. ¡A nadie le gustas!
A la mañana siguiente, Guyi se levantó sobresaltado. ¡Tenía las piernas tan finas (7) como un fideo! No entendía de dónde habían salido. Como tenía vergüenza, se puso muchos pantalones, uno encima de otro hasta conseguir simular unas piernas fuertes. Llegó la hora de ir al colegio y, como todas las mañanas, ya entraba vomitando insultos, uno tras otro.
— ¡Hola Guyi! — dijo el león.
— ¡No me apetece hablar contigo, tu pelo es tan largo, alborotado y sucio (8) que huele muy mal! ¿No te das cuenta de que nadie quiere estar a tu lado? — Exclamó Guyi.
Después de otro día más en el colegio, Guyi volvió a la nave, cenó y se fue a dormir. A la mañana siguiente iba a salir por la puerta cuando, de repente, le creció una pelota de bolos (9) encima de su pie. ¿Qué iba a hacer?, No sabía cómo esconderse y si se la arrancaba le dolería mucho. ¡Formaba parte de su cuerpo! Decidió ir en silla de ruedas y simular que se había roto el pie. Cuando llegó al colegio se topó con una vieja amiga.
— ¡Cuánto tiempo sin verte Guyi! — Dijo la ballena (10).
— Sí, la última vez que te vi estabas más delgada ¡Ahora no entras ni por la puerta!
Después de otro día en el colegio, se fue a dormir muy nervioso porque no sabía qué le esperaría al día siguiente. Por la mañana, Guyi acudió al estanque y apareció un Hada Madrina que le advirtió que, si no modificaba su conducta, se quedaría así para siempre, por lo que tenía que buscar la manera de remediar todo el daño que había causado a los demás.
Con esta lección, Guyi aprendió la importancia que tiene respetar a los demás, independientemente de su aspecto físico. Por ello, comenzó a ser amable, dejó de insultar a los demás y aprendió a pedir perdón.
Cada vez que Guyi dijera algo bueno a los demás animales cambiaría su apariencia. Y así fue como poco a poco Guyi recuperó totalmente su figura de pato, cuando aprendió a resaltar las virtudes en lugar de los defectos, a no juzgar, a entender que no tenemos por qué ser todos iguales y respetar que hay cosas que nos diferencien unos de otros. Además, también pidió perdón a todo aquel que hirió. Todos estos cambios que se produjeron en Guyi le hicieron tener un corazón puro y lleno de amor. Los habitantes de la selva vieron ese cambio en el patito rosa y, finalmente, todos se hicieron amigos y crearon una gran familia.
De Dios, O. (2013). Monstruo Rosa.
Among us (Versión 2020.9.9) [Software]. (2018).
Kolia, J (1967). El libro de la selva.
Chih Y. Chen (2003). Guyi Guyi.
Bean Avery, F. Clampett, B. Pato Lucas (1937).
Andersen, H., (1843). El Patito Feo.
Deuchars, M., & De Isasa, R. (2016). Max, el artista.
Aguilar, L. (2008). Orejas de mariposa.
Carrier, I. (2009). El cazo de Lorenzo.
Cali, D. (2009). Malena Ballena.


