Relato Literario
El poder del amor es nuestro relato literario, en el que un gato enfermo y abandonado, se olvida de ser él mismo para agradar al resto, y así conseguir un nuevo hogar. En esta historia se plasma la importancia de la empatía y la enseñanza en valores, así como el respeto hacia los animales.
En esta entrada podéis observar tanto el relato escrito como el vídeo en el que se presenta la historia. Además, se muestran tanto la constelación realizada como los datos bibliométricos de la misma.
Vídeo:
Relato:
Desgreñado, escuálido y débil. Ese era el aspecto que había adquirido Gufu durante los dos últimos años que llevaba en la protectora de animales.
Gufu es un gato de 12 años que fue abandonado a causa de su avanzada edad y la aparición de sus primeras enfermedades. Un obrero lo encontró refugiado en una lluviosa noche de invierno, y decidió llevarlo a la protectora de animales; en la que tenían que convivir perros y gatos, liebres y tortugas. Confirmaron que sus dueños no querían hacerse cargo de él y empezaron a buscarle un nuevo hogar. Sin embargo, esto no fue una tarea fácil.
Gufu era un gato fino, afectuoso y con un increíble pelaje, tan bonito y delicado como un cisne; pero, a medida que pasaba el tiempo y permanecía en una jaula, todas estas cualidades iban desapareciendo.
Cada día acudían cientos de personas nuevas a la protectora, pero Gufu parecía ser invisible. El resto de animales lo rechazaban y las personas no se fijaban en él. No era capaz de entender cómo su vida había cambiado tanto en dos años, pero un día comprendió todo. Gufu pasó por delante de un espejo y, de repente, todas las piezas del puzzle encajaron; estaba seguro de que su aspecto era la razón por la que todo iba mal, por lo que decidió cambiarlo.
El protagonista empezó a cambiar todo aquello que pensaba que producía rechazo en los demás. Recordó que en el patio trasero había una máquina con la que el jardinero podaba los árboles, y allá fue; la usó para desprenderse de su pelaje. Además, aprovechó un gran bote de pintura que se utilizaba para la fachada y se introdujo en él, convirtiéndose en un gato de color blanco. Por último, robó el sombrero de Bruno, el jardinero; y, fingiendo ser como el resto, transformó su actitud. Estaba seguro de que así todo cambiaría a mejor.
Al día siguiente, recibieron una nueva visita, para la que Gufu se esforzó más que nunca en no ser él mismo. Se trataba de una madre y su hija, quien no paraba de llorar desconsoladamente. Prestó atención y no podía creer lo que pasaba. Esa niña buscaba un gato despeluchado, frágil y arisco que había visto en las visitas anteriores, pero este ya no estaba. Justo cuando había cambiado para ser lo que los demás buscaban, había dejado de ser todo lo que esa niña buscaba en él. Gufu no sabía cómo hacer ver a la joven que era él, sabía que había perdido su única oportunidad de encontrar una familia.
Justo cuando la familia salía por la puerta, Elmer y Rosa, sorprendieron a todos con un gran grito: “¡Lo tenemos!”.
Elmer y Rosa eran los responsables del cuidado de los gatos dentro del albergue de animales y estaban tremendamente tristes de ver que, cuando al fin Gufu tenía una oportunidad, había desaparecido. Cuando lo vieron a lo lejos lleno de pintura y trasquilones, no dudaron en ir a por él. Explicaron a la niña que Gufu había estado haciendo travesuras, pero que con un baño y mucho cariño estaría como nuevo, por lo que no dudaron en adoptarlo. Esa fue la gran decisión de Marina, su nueva dueña.
Gufu fue bienvenido en su nueva casa, donde todo era acogedor y desprendía tranquilidad. Pasaba el tiempo y su agradecimiento era cada vez mayor. Cada vez que pasaba por un espejo, prefería no mirar; no quería volver a recordar aquellos sentimientos que le provocaba verse reflejado. Sin embargo, un día tuvo el valor de hacerlo. No lo podía creer, volvía a ser él. Volvía a ser fino y había recuperado su increíble pelaje; pero, lo más importante, volvía a ser cariñoso y gentil.
En ese momento, Gufu entendió que nunca debió intentar cambiar para agradar a los demás. Su dueña y compañera se fijó en él desde el principio, y fue ella quien, a base de amor y paciencia, consiguió que Gufu brillase de nuevo. Como Karl Kraus dijo, “aparentar tiene más letras que ser”.
Así que, después de cien años de soledad, Gufu entendió el mensaje: ¡Cree en ti!
Referencias:
Jenkins, S. (2008). Perros y gatos. Juventud, S.A.
Esopo. (2018). Fábulas de Esopo. La liebre y la tortuga. CASTELLANO.
Darío, R. (1905). Cantos de vida y esperanza. Los cisnes. (1.a ed.). Alianza.
Canizales. (2016). El sombrero de Bruno (1.a ed.). Beascoa.
Klimt, G. (1905). Las tres edades de la mujer [Cuadro]. Galería Nacional de Arte Italiano, Roma, Italia.
Mckee, D. (2018). Elmer. Beascoa.
Smile and learn. (2016). La decisión de Marina.
Aparentar tiene más letras que ser - Karl Kraus
García Márquez, G. (1967). Cien años de soledad (1.a ed.). Editorial Sudamericana.
Desgreñado, escuálido y débil. Ese era el aspecto que había adquirido Gufu durante los dos últimos años que llevaba en la protectora de animales.
Gufu es un gato de 12 años que fue abandonado a causa de su avanzada edad y la aparición de sus primeras enfermedades. Un obrero lo encontró refugiado en una lluviosa noche de invierno, y decidió llevarlo a la protectora de animales; en la que tenían que convivir perros y gatos, liebres y tortugas. Confirmaron que sus dueños no querían hacerse cargo de él y empezaron a buscarle un nuevo hogar. Sin embargo, esto no fue una tarea fácil.
Gufu era un gato fino, afectuoso y con un increíble pelaje, tan bonito y delicado como un cisne; pero, a medida que pasaba el tiempo y permanecía en una jaula, todas estas cualidades iban desapareciendo.
Cada día acudían cientos de personas nuevas a la protectora, pero Gufu parecía ser invisible. El resto de animales lo rechazaban y las personas no se fijaban en él. No era capaz de entender cómo su vida había cambiado tanto en dos años, pero un día comprendió todo. Gufu pasó por delante de un espejo y, de repente, todas las piezas del puzzle encajaron; estaba seguro de que su aspecto era la razón por la que todo iba mal, por lo que decidió cambiarlo.
El protagonista empezó a cambiar todo aquello que pensaba que producía rechazo en los demás. Recordó que en el patio trasero había una máquina con la que el jardinero podaba los árboles, y allá fue; la usó para desprenderse de su pelaje. Además, aprovechó un gran bote de pintura que se utilizaba para la fachada y se introdujo en él, convirtiéndose en un gato de color blanco. Por último, robó el sombrero de Bruno, el jardinero; y, fingiendo ser como el resto, transformó su actitud. Estaba seguro de que así todo cambiaría a mejor.
Al día siguiente, recibieron una nueva visita, para la que Gufu se esforzó más que nunca en no ser él mismo. Se trataba de una madre y su hija, quien no paraba de llorar desconsoladamente. Prestó atención y no podía creer lo que pasaba. Esa niña buscaba un gato despeluchado, frágil y arisco que había visto en las visitas anteriores, pero este ya no estaba. Justo cuando había cambiado para ser lo que los demás buscaban, había dejado de ser todo lo que esa niña buscaba en él. Gufu no sabía cómo hacer ver a la joven que era él, sabía que había perdido su única oportunidad de encontrar una familia.
Justo cuando la familia salía por la puerta, Elmer y Rosa, sorprendieron a todos con un gran grito: “¡Lo tenemos!”.
Elmer y Rosa eran los responsables del cuidado de los gatos dentro del albergue de animales y estaban tremendamente tristes de ver que, cuando al fin Gufu tenía una oportunidad, había desaparecido. Cuando lo vieron a lo lejos lleno de pintura y trasquilones, no dudaron en ir a por él. Explicaron a la niña que Gufu había estado haciendo travesuras, pero que con un baño y mucho cariño estaría como nuevo, por lo que no dudaron en adoptarlo. Esa fue la gran decisión de Marina, su nueva dueña.
Gufu fue bienvenido en su nueva casa, donde todo era acogedor y desprendía tranquilidad. Pasaba el tiempo y su agradecimiento era cada vez mayor. Cada vez que pasaba por un espejo, prefería no mirar; no quería volver a recordar aquellos sentimientos que le provocaba verse reflejado. Sin embargo, un día tuvo el valor de hacerlo. No lo podía creer, volvía a ser él. Volvía a ser fino y había recuperado su increíble pelaje; pero, lo más importante, volvía a ser cariñoso y gentil.
En ese momento, Gufu entendió que nunca debió intentar cambiar para agradar a los demás. Su dueña y compañera se fijó en él desde el principio, y fue ella quien, a base de amor y paciencia, consiguió que Gufu brillase de nuevo. Como Karl Kraus dijo, “aparentar tiene más letras que ser”.
Así que, después de cien años de soledad, Gufu entendió el mensaje: ¡Cree en ti!
Referencias:
Jenkins, S. (2008). Perros y gatos. Juventud, S.A.
Esopo. (2018). Fábulas de Esopo. La liebre y la tortuga. CASTELLANO.
Darío, R. (1905). Cantos de vida y esperanza. Los cisnes. (1.a ed.). Alianza.
Canizales. (2016). El sombrero de Bruno (1.a ed.). Beascoa.
Klimt, G. (1905). Las tres edades de la mujer [Cuadro]. Galería Nacional de Arte Italiano, Roma, Italia.
Mckee, D. (2018). Elmer. Beascoa.
Smile and learn. (2016). La decisión de Marina.
Aparentar tiene más letras que ser - Karl Kraus
García Márquez, G. (1967). Cien años de soledad (1.a ed.). Editorial Sudamericana.


