lunes, 2 de noviembre de 2020

CRelato literario, 3El gato con botas, IIRuiz

 En la tercera y última entrada de nuestro blog os exponemos el relato literario que hemos elaborado. Pero, en primer lugar, es necesario aclarar, antes de que nadie se asuste😉, que nuestro relato es tan extenso debido a que está compuesto a base de relaciones intertextuales entre las obras de cada elemento multimodal, es decir, es una narración formada a partir de otras narraciones más pequeñas. Esto es así ya que para nuestra exposición creamos un relato para cada elemento y después, tras la sugerencia de la profesora, decidimos enlazarlos para que constituyeran una única historia. Dicho esto, esperamos que disfrutéis de nuestra pequeña gran obra literaria.


-(Relato de literatura canónica) Un sombrero caballeresco de color azul cubría su cabeza negra y peluda. Era un día cualquiera de verano en el que el gato con botas salía a pasear por los verdes campos que rodeaban su majestuoso palacio con el fin de respirar el aire puro de los Alpes franceses, sin embargo, ni siquiera este aire tan limpio podía curar las cicatrices que había dejado una bella doncella en su corazón. No podía dejar de pensar ni un instante en sus verdes y vivos ojos, en esa mirada penetrante que lo cautivaba y le hacía perder el sentido. Por suerte, no tardaría su amo en aconsejarle que buscara ayuda, pues no podía seguir sumido en ese mal de amores eternamente. Fue entonces cuando, previa consulta con algunos de sus mejores amigos en la aldea, decidió acudir a la consulta del gran doctor el gato que curaba corazones.



Este curioso y famoso gato se había ganado la fama de ser el mejor cura corazones de toda la nación, pues incluso había sido capaz de sanar las peores heridas del mismísimo rey de Francia tras su divorcio con la reina. Pero, a pesar de todo ello, el precavido y astuto gato con botas no las tenía todas consigo. De todas maneras, a la mañana siguiente, asistió fiel a su cita con el médico y le contó con pelos y señales todo lo que sentía por aquella bella y joven gata, a lo que el médico le recomendó que se tomara unas pastillas para levantar el ánimo y, en caso de que éstas no fueran suficientes, recurriera a un gato callejero llamado Bob, especialista en música alegre y en un modo de vida alternativo pero divertido. El gato con botas, obediente, en menos de 24 horas se había terminado la caja entera de pastillas, y seguía triste y ojeroso, sin ánimo alguno y, siguiendo las indicaciones del doctor, sin perder un segundo, fue a buscar a ese gato callejero llamado Bob. Lo encontró a las afueras de la aldea, recostado sobre una tela larga y fina, parecida a una alfombra, mientras tocaba la guitarra y cantaba una breve pieza musical compuesta recientemente por él mismo junto a otro gato compañero suyo llamado Blas. Bob, al ver al gato con botas tan angustiado, le preguntó ¿qué te pasa mi querido amigo? a lo que éste último respondió Vengo a que me des una solución definitiva a este mal de amores que padezco desde tiempos inmemoriales. El amable y dispuesto gato callejero le dijo que la solución estaba dentro de él, que sólo él mismo podía curar sus propias cicatrices. Para ello, dijo, ven conmigo a cantar y bailar y verás como de la misma diversión te olvidas de todos los problemas que sobrevuelan tu mente y que tanto te atemorizan. Desde entonces, el gato con botas, que siempre se había caracterizado por su impuntualidad y su dejadez en sus quehaceres, aparecía todos los días con una puntualidad propia de un reloj en la esquina donde vivía Bob para cantar y bailar junto a él y su gran amigo y compañero musical Blas, poco a poco, día tras día, su corazón fue recuperando alegría y color gracias al estilo de vida que adoptó de Bob y Blas, que era lo más parecido al “Hakuna Matata” de Timón y Pumba pero en versión gatuna. Una vez estuvo curado al 100% y ya volvió a ser el gato con botas de siempre decidió dejar su estilo de vida anterior caracterizado por la holgazanería para dedicarse a la medicina. Este cambio radical estuvo inspirado en la labor que había hecho el gato que curaba corazones con él para curarlo. De esta manera, el gato con botas conoció nuevos amigos gatos en su profesión, uno de los cuales fue Óscar, otro de los mejores médicos del país, con el que compartió numerosas vivencias. Sin apenas darse cuenta, fueron pasando los años y el gato con botas juntamente con Bob, Blas y Óscar, al que enseñó ese estilo de vida tan peculiar y jocoso, crearon un grupo musical, haciendo de la música la mayor de sus aficiones. Gracias a que empezaron a hacer una gira increíble de conciertos, viajaron a lugares increíbles, desde Madrid a Estambul.



(Relato LIJ) En dicha ciudad conocieron la historia de dos agradables y apuestos gatos, llamados Lila y Omar que mantenían una sincera amistad desde hacía ya muchos muchos años. 

La historia cuenta que esta amistad se fue forjando con el paso de los años cada vez más, pues compartían vivienda, una de las bibliotecas más famosas de la ciudad. Sin embargo, un día al despertarse, Lila no encontró por ninguna parte de la biblioteca a su amigo Omar, miró en cada rincón, en las papeleras, en las estanterías e incluso llegó a ojear algunos libros, pero en ninguno de estos lugares lo encontró. Lila, que siempre había sido ruda y constante, no se iba a dar por vencida tan fácilmente y emprendió una apasionante aventura junto a otros compañeros felinos en busca de Omar. Así, fueron pasando por todos los monumentos emblemáticos de la ciudad turca hasta que, por fin, encontró a su amigo divirtiéndose en un parque enorme junto a un gato de color naranja cuya dueña se llamaba Matilda. Lila, perpleja le dijo: ¿qué haces aquí? a lo que Omar, ni corto ni perezoso le respondió: he encontrado a este gato y me he hecho amigo de él, hacía años que no me lo pasaba tan bien, nos hemos disfrazado, hemos montado en bici, e incluso después de todo eso ¡hemos merendado!



Lila, celosa del nuevo amigo de Omar se marchó enfadada a buscar un nuevo amigo con el que poder jugar y disfrutar y así demostrarle a Omar que nadie es más divertida que ella. Así, tras varias paradas de bus y metro llegó a la casa de su viejo amigo el Sr Minino y le contó la historia. El Sr Minino le dijo que no se preocupara, que con él podía jugar cuando quisiera. De esta manera, ambos se pusieron a perseguir a unos pequeños extraterrestres que habían aterrizado en su salón por casualidad y a algunos insectos que habían entrado por su ventana. Como os habréis dado cuenta, el Sr Minino era un animal poco convencional y podríamos decir que algo peculiar en lo que a gustos lúdicos se refiere. Así, se fueron sucediendo las semanas hasta que, gato rojo y gato azul, vecinos del Sr Minino intervinieron en la disputa para contarles su propia historia. Estos gatos habían pasado por una situación similar hacía no mucho tiempo, porque gato rojo quería ser tan inteligente como gato azul, mientras que gato azul quería ser tan rápido y ágil como gato rojo hasta que un día cuando se cruzaron comenzaron a discutir e incluso se hicieron algunos arañazos y fue entonces cuando ambos llegaron a su límite y decidieron confesarse a su amigo y así hacer la convivencia agradable, como buenos amigos. Lila y Omar, tras escuchar estas sabias palabras, recibieron una lección de humildad y, por ello, decidieron hacer las paces y volver a vivir juntos en la biblioteca.

Volviendo al grupo musical, sacaron una de las canciones más famosas de toda la historia, con una letra que contaba una historia que gustó mucho en el mundo felino. Dicho éxito decía así:



(Relato Música) “Estaba el señor don gato, sentadito en su tejado, comiendo una lata de sardinas, cuando inesperadamente llegó una gran tormenta a donde estaba. Empezó a llover tan fuerte que tuvo que resguardarse debajo de un coche para no mojarse, cuando de repente vio a una gata bajo la lluvia. Fue a preguntarle por qué seguía ahí con el mal  tiempo que hacía y le ofreció resguardarse con él, pero le dijo que estaba triste porque lo acababa de dejar con su pareja, pero la vida es así, su pareja se fue y ella se quedó ahí, lloverá y ella ya no será suya, será la gata bajo la lluvia que maullará por ella. Así que esta gata siguió su camino hasta que el tiempo se calmó, y buscando algo de comer entre unas bolsas de basura se encontró al gato que está triste y azul. Cuando lo vio llorar desconsolado, la Gata Bajo la Lluvia le preguntó que qué le había pasado, a lo que este le contestó que era porque también lo había dejado con su gata, y que no se olvidaba de que fue suya, mas sabe que sabrá de su sufrir, porque en sus ojos una lágrima hay. La gata bajo la lluvia le comprendió perfectamente porque estaba en la misma situación que él, y se hicieron muy buenos amigos. Así, continuaron su aventura hasta que pasados unos días se volvieron a encontrar con el Señor Don Gato malherido en el suelo. La gata Bajo la Lluvia enseguida lo reconoció y le preguntó qué le había pasado. Al parecer, se había caído del tejado y se había roto siete costillas, el espinazo y el rabo porque se había enterado que la gatita parda quería casarse con él y se había puesto muy nervioso. Como estaba tan malherido y no podían llevarlo al hospital porque había comido tantas sardinas que estaba muy gordo, al Gato que Está Triste y Azul se le ocurrió llamar a un amigo suyo que estaba mucho más fuerte, El Gato Volador. Cuando le explicaron la situación este gato se ofreció a ayudarlos, y cogió al Señor Don Gato y lo llevó volando al veterinario al ritmo de El Gato Voladooor, El Gato Voladooor.



Cuando llegaron allí, estuvieron un buen rato haciendo cola hasta que un cirujano lo cogió para operarlo. El cirujano se trataba ni más ni menos que de un gato amarillo que se hacía llamar Mi Gato. Cuando vio al paciente que iba a tener que operar, exclamó: Uyuyuyuy, parece que te has hecho bastante daño. Ayayayay, la operación te va a doler mucho. Después de unas largas horas de operación, el Señor don Gato estaba como nuevo, y pudo volver a sentarse en su tejado, donde le estaba esperando la gatita parda. Entonces se reunieron todos, que se habían hecho grandes amigos, a comer unas sardinas y desde ahí forjaron una gran amistad que perduró en el tiempo por muchos años.

(Relato arte) Esta canción con dicha letra llegó hasta los confines más remotos de la tierra, excepto a la casa de un niño muy peculiar, Don Manuel Osorio Manrique de Zuñiga, más conocido como el niño. Pelo largo y mono rojo, era un niño muy característico por los rasgos que presentaba. Hace varios años que sus padres desaparecieron y él aprendió a sobrevivir solo, a base de lo que le daban los vecinos y lo que le traía su abuela. A Don Manuel le encantaba pintar cuadros, sobretodo utilizando óleo, el viejo campo estaba repleto de cuadros pintados por él, desde cuadros muy pequeños de cosas insignificantes, a cuadros gigantescos de animales o de arte abstracto. Esa noche, el frío entraba hasta por los resquicios de las grietas y Don Manuel no encontraba cómo calentarse por muchas mantas que utilizara. Empezó a echarle leña al fuego, leña y más leña, pero por mucha que echara… nunca fue suficiente. Puso la casa patas arriba, buscó en el desván y encontró revistas viejas y fotos de sus padres cuando eran jóvenes, buscó en la cocina y solo encontró especias jamás utilizadas… ¡Buscó hasta en el aseo! y efectivamente solo encontró papel del váter. Estando ya cansado y exhausto del frío, decidió tumbarse en el sofá e intentar convencerse de que no tenía frío. De repente, se escuchó el maullido de una fiera al fondo del pasillo, era su gato Botero, un gato grande feliz y robusto que no paraba quieto con tal de encontrar donde posar su peludo cuerpo.




Miraba a su dueño con una sonrisa picaresca y sarcástica, como la mirada que plasmaba Tieck en el gato con botas. El gato botero listo y astuto sabía que su dueño tenía frío, por lo que iba husmeando a ver si podía encontrar un lugar caliente para su dueño en algún sitio del cuarto. Mientras paseaba por el salón, chocó contra el tocadiscos, haciendo sonar una música relajante, que haría dormir incluso a la bella durmiente y a su gato francés llamado originariamente “le Chat botté”. Empezó a sonar la banda, instrumentos de cuerda, de viento… Y cada vez Don Manuel estaba más y más relajado. Finalmente, cuando ya no quedaba casi disco para la aguja, el gato botero se puso encima de Don Manuel, pasaron los minutos hasta que ambos quedaron profundamente dormidos.

(Relato cómic) Pero volvamos al inicio, pasó el tiempo y el grupo seguía triunfando y haciendo giras, y seguía conociendo a más y más gente. Un día conocieron a un grupo de 5 gatos que iban por la calle hablando de sus rutinas diarias para alimentarse. 

El primer componente del grupo era Bolita, un gato suave, regordete y lo que más le caracterizaba era su risa. Bolita fue el creador de dicho grupo junto a su gran amigo Garfield, aunque este no se pareciera mucho a Bolita, tenían algo en común: la comida. Un día cuando Garfield iba con sus dueños Jon y Odie vio por la ventana una gran lasaña, y como todos sabemos era su comida favorita.



Garfield, que actuaba siempre de una forma peculiar, fue a por la comida, pero cuando fue a probarla se dio cuenta que era de espinacas, algo que nunca ha soportado. La lasaña de esa casa era la de Bolita, el cual estaba en su casa riéndose de ver a aquel gato gordo anaranjado con rayas negras escupir todo aquello que se había echado a la boca. A partir de ese momento se convirtieron en amigos inseparables.

Al poco tiempo por el barrio llegó Azrael, un gato rojo anaranjado y a Garfield y Bolita les llamaba la atención algo de él, era su herida en la oreja derecha. Les interesaba conocer cómo se la hizo, porque Bolita y Garfield nunca hacían nada, por tanto, siempre estaban limpios y sanos. Lo que ellos dos no sabían es que Azrael perseguía a unas criaturas azules con el nombre de “Pitufos”. Resultaba ser que Azrael era el compañero de Gargamel, un vecino loco que sufría alucinaciones, o eso comentaban por el barrio. Garfield y Bolita un día se acercaron a Azrael y les contó la historia de la herida en la oreja derecha y se empezaron a reír cuando escuchaban la palabra “pitufo”. Azrael quiso arañarlos pero como era tan tranquilo lo pensó mejor y decidió formar parte de esta banda tan característica. Pero, como ya sabéis esta banda no acaba aquí.

Pasaron los meses y Garfield, Bolita y Azrael continuaron vagando por las calles, hablando de comida, de sus dueños, de cómo Garfield se burlaba de ellos, como a Bolita le encantaba que le acariciaran la barriga y como Azrael continuaba cazando “pitufos” o eso es lo que decía él, cuando de repente vieron a Félix, el gato. Si, si, ese era su nombre completo, porque a él le encantaba tener nombre de superhéroe, andaba por el mundo resolviendo situaciones imprevistas que solo él se imaginaba. En su cabeza había tanta locura que es lo que les llamó la atención a los otros tres para que formara parte de su grupo y los entretuviera contando todas sus batallitas. Félix, el gato y Azrael tenían mucha complicidad, los dos charlaban de sus aventuras, uno con sus criaturas azules y el otro de cómo tenía que salvar el mundo, eran charlas tan largas que duraban horas y horas, y todos los gatos del barrio se quedaban embelesados escuchándoles, excepto Fat Freddy’s Cat, el cual era un gato más inteligente que su dueño con tanta imaginación que sus aventuras decía que eran mejor que la de los otros dos. Pero, él no era tan loco, ni malvado, él tenía un humor crudo y escatalógico y eso hacía que ninguno fuera igual. Tantos días escuchando las aventuras de uno y otro, decidieron invitarle a su paseo nocturno. Y así es como se formó esta banda, donde las aventuras y la comida les convirtió en amigos inseparables.

(Relato Videojuegos) Una vez conocida esta última historia, la banda llegó a casa, y viendo la tele, se dieron cuenta que los tiempos estaban cambiando, porque las bandas musicales ya no era lo que estaba a la orden del día. Hoy en día todos los niños sueñan con ser parte de mundos mágicos y maravillosos que sólo suceden en las películas o en los videojuegos. El gato más famoso por su vida y por los sucesos que le pasaban era el gato Iron, de la familia Martínez.

Iron era un gato muy travieso y poco sofisticado que le encantaba mirar la pantalla del móvil de su dueño Juan mientras jugaba a videojuegos. Iron era tan tan curioso y se acercaba tanto tanto a las pantallas de los móviles y la televisiones que un día ocurrió lo nunca esperado. Un portal mágico se abrió y Iron cayó dentro de un mundo virtual.



La única manera que tenía Iron de salir de ese mundo animado era conseguir superar la primera pantalla de 6 videojuegos distintos. ¡Con que allá fue!

El primer video juego, era Nyan Cat y lo que Iron tenía que lograr era avanzar saltando las tostadas repletas de mermelada y obstáculos y no caer en el intento. Iron, además de superarlo, se puso las botas con tanta mermelada. Siguiente juego, Talking Tom Cat cuyo objetivo era que Iron sobreviviese 1 hora aceptando ordenes de el jugador que estaba detrás de la pantalla del móvil y además repitiendo todas y cada una de las frases que este le dijese. 

El tercer juego a superar era el famoso Animal Crossing. Iron se vió de repente en un pueblo lleno de animales distintos que convivían en harmonía pero, no todo iba a ser tan fácil, nuestro amigo felino debía de conseguir pescar 10 peces y venderlos en la tienda de Tom Nook antes de el medio día. Y así lo hizo, y después de haberse pegado un festín de marisco con los cangrejos que le sobraron. Sólo le quedaban 3 juegos, pero dos de ellos iban al compás tanto nintencats como Cat simulator en los que Iron tenía que convivir con otros gatitos y superar diversas actividades para contentar a sus dueños. Y por último, Pet Salon Kitty Care donde Iron sólo tenía que disfrutar de una sesión de peluquería antes de volver a su hogar.

Era tan famoso Iron, que se creó una tendencia a jugar a videojuegos y a vivir de esto, subiendo videos a internet e incluso participando en canales de televisión. 

Un día, Iron tuvo una lección de humildad por parte del gato más veterano del barrio. Iron estaba yendo a casa con una bolsa llena de nuevos juegos para la consola, y chocó con dicho anciano, Iron, se torció una de sus patas, y tuvo que entrar a casa del anciano. 

Mientras este le vendaba la pata, Iron se fijó en una foto antigua de un joven y apuesto gato. Preguntó al anciano si era él, y éste, comenzó a contarle la historia de quién era realmente dicho gato.

(Relato Cine y Series) - Érase una vez que se era, un viejo gato con unas botas peculiares que vivía en Francia por el año 1903. Nuestro amigo, era más conocido como Le chat botté pero, no destacaba por ser un gato feliz. Le chat no sabía hablar, era aburrido y además era maloliente y descolorido.



Un día, vagando por Francia y sin prisa, decidió cambiar su vida y  pedirle ayuda a Chesire el gato de la sonrisa. Este felino era listo, animado, mágico y colorido todo lo bueno en la vida que a Le chat jamás le había ocurrido.

- Quiero ser como tú.

Le dijo el descolorido gato  Cheshire. A lo que el mágico gato respondió.

- Yo no vengo del libro de la selva pero escucha mi consejo, puede que tu vida resuelva. Si un verdadero gato con botas quieres ser, escucha estas 5 habilidades que has de aprender. La música, la magia, la diversión, la lucha y la belleza aprenderás para conseguir ser tú mismo, te amarás.

Este consejo Cheshire a Le chat le dió y en un visto y no visto el sonriente y mágico gato desapareció.

Le chat sin palabras y dudoso partió en busca de un músico famoso. Pero, sorprendentemente y ríase la gente, llegó a sus oídos una música jazz que venía de una casa vieja y abandonada que para la sorpresa de Le chat, era una banda de gatos quien la interpretaba. Los aristogatos se hacían llamar, gatos grandes y pequeños todos iban al compás. Le chat contento y tenaz preguntó decidido si también podía ser un gato jazz.

Una linda gata blanca y con collar a la que llamaban duquesa le preguntó a Le Chat:

- ¿Qué quieres tocar?

- Yo no sé hacer nada Duquesa sólo sé con mis botas patear.

Esa respuesta de Le Chat a Duquesa le dió que pensar y le enseñó a nuestro amigo a con las botas taconear. 

- ¡Ya eres un gato jazz mi querido Chat!

Le chat contento y con mucho talento, fue en búsqueda de su amigo cósmico, el gato Doraemon.

- Doraemon, tú puedes hacer que mis sueños se hagan realidad. 

- Eso es cierto, que necesitas Le chat?

- Debo aprender a ser divertido, tengo que encontrar a The Cat in the hat!

Doraemon sacó de su mágico bolsillo un gran transportador y en lo que se persigna un cura loco, Le chat a la casa de Conrad y Sally llegó. Allí el gato de sombrero a estos niños a pasarlo bien les debía de enseñar, una oportunidad que Le chat no podía desperdiciar. 

- Hola gato del sombrero, ¿cómo haces para ser tan divertido? Ya sé de música y magia pero sigo siendo aburrido.

- No te alarmes don gatito y deja que te dé un consejito. Déjate llevar, la vida es demasiado corta para pensar. Y no lo olvides Le chat, un sombrero molón te has de comprar. 

- Así lo haré mi buen amigo tarado, me compraré el mejor sombrero del mercado.

- Me despido de ti amiguete y recuerda, estar loco no es suficiente.

Dijo el gato alocado mientras se marchaba a charlar con su pez anaranjado.



Le chat ya conocía la música, la magia y la diversión y poco a poco se iba sintiendo el más molón. Era el turno de la lucha, pero antes se debía de dar una ducha. Nuestro amigo Le chat ya coqueto y aseado se compró un sombrero para visitar a su buen amigo el bandolero.

El gato con botas le hacían llamar, todo a lo que Le chat quería aspirar. Este gato andaluz, fiel y valiente le enseñó a Le chat como a un rival hacerle frente.

- Te obsequio con mi espada y mi cinturón y a partir de ahora de todos los duelos serás el campeón. Ahora me voy con mi amigo Shrek, que junto a asno y dragona a muchas brujas hemos de vencer. 

Dijo el Gato con botas.

Y así Le chat con su nueva vestimenta decidió visitar a su rechoncho amigo Garfield, a ver qué se cuenta.

- ¿Qué te trae por aquí Le chat? ¡No ves que estoy comiendo lasaña sentado en el sofá!

Dijo Garfield.

- Necesito que me ayudes a cambiar de apariencia ya que tu eres el Dios de la belleza y la pereza.

- Lo que veo en tí es un pelo muy oscuro y manchado, lo que te recomiendo es que te tintes de color amarillo y anaranjado. ¿Me ves a mí? Soy guapo y rechoncho entre todos los gatos, soy el más hermoso.

-  Yo puedo ir a la peluquería pero seguiré siendo flacucho, con la barriga muy fina.

- No te preocupes, eso lo arreglamos enseguida, vámonos con Odi a robarle el pastel a la vecina

Por fin Le chat era el gato que quería, conocía la música, la magia, la diversión,  la lucha y muy bello parecía. Se mudó a San Ricardo, un pueblo pequeño y con mucho bastardo. Se dedicó a proteger a sus todos vecinos acompañado de un huevo que decía ser  su primo. Miles de aventura ellos estuvieron creando, pero Le chat no se imaginaba lo que el huevo estaba tramando.

Le chat era feliz, se había convertido en lo que jamás se pudo esperar y a partir de ahora ya le podemos llamar: “El Gato con Botas”.

A Iron, le gustó tanto esta historia, que acabó haciéndose amigo del anciano, y cada dos por tres, aparecía en su casa para escuchar más historias del gato más veterano del barrio.

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