Alba Alonso Manchón
Laura Coquillat Román
Ana Maciá Mora
Tamara Martínez Inglada
Vicente Martí Ceva
Erase una vez, en una isla tropical, vivía una humilde niña llamada Wendy. Vivía sola, en una pequeña cabaña y, además, había tenido una infancia diferente, ya que había tenido que buscarse la vida y no contaba con los mismos recursos que los demás.
Wendy, para poder sobrevivir, tenía que salir cada día a buscar alimentos por la isla, cuando encontraba algo se alegraba como si fuese oro. Un día, Wendy encontró una barca, en ella, destacaba un gran símbolo redondo brillante. Por lo que decidió salir a navegar en busca de otra isla cercana.
Después de navegar y navegar, la niña encontró en mitad del océano una enorme planta, la cual tenía una pequeña plataforma de madera en su base. Amarró la barca y se puso a investigar qué podía hacer con ella. De repente, al rodear la planta, encontró unas escaleras que permitían subir hasta la superficie. Comenzó a subir pero parecía que la planta no tenía fin… Después de un buen rato llegó a la cima y allí, se encontró en un mundo fantástico lleno de gigantes. Empezó a pasear por aquel mundo desconocido sin creerse aún lo que estaba pasando, de repente, entró en una acogedora taberna que no encajaba del todo con aquel mundo. En ella, se sentó para tomar algo y mientras esperaba lo que había pedido, escuchó un rumor sobre un misterioso tesoro que nadie había conseguido alcanzar.
Por lo visto, el tesoro era custodiado por un gigante llamado Andersen el cual no había sido visto nunca por nadie. Wendy salió de la taberna y siguió su camino, paseando por el mundo de las nubes hasta que cuando iba por un hermoso paseo, escuchó un hermoso sonido que no sabía de dónde venía.
Cada vez que se acercaba, ese maravilloso sonido le iba resultando más y más familiar. Hasta que se dio cuenta de que se trataba de La canción del pirata, de José Espronceda, que tanto le gustaba ya que le recordaba a su infancia. Por lo que comenzó a andar para buscar de donde provenía ese poema.
Finalmente, llegó al lugar, y se dio cuenta de que ahí se encontraba un solitario gigante, que podía tratarse del famoso Andersen. Una vez allí pensó en el tesoro, que podía acabar consiguiéndolo y para ello, se acercó a hablar con el gigante. Antes de hablar con él, se dio cuenta de que había una jaula donde estaban encerrados unos piratas. En esa jaula destacaba un símbolo redondo y brillante idéntico al de la barca con la que había llegado hasta allí. Por lo tanto, como gracias a ellos había conseguido llegar hasta allí, pensó que no podía dejarlos allí encerrados y debía rescatarlos. No se dejó vencer por el miedo y…¡¡¡¡fue a por todas!!!!
Para conseguir liberar a los piratas, buscó por todos lados unas llaves que podían abrir la jaula. Wendy, cansada de buscar, decidió reunir todas sus fuerzas para hablar con el gigante Andersen. Este, le dijo que para conseguirlas, debería realizar un minijuego que él había creado y nadie había conseguido finalizar. El minijuego, consistía en saltar de tubo a tubo hasta llegar a bajar una bandera. Por suerte, Wendy había jugado mucho al Mario Bros y consiguió pasar el minijuego con facilidad.
Finalmente, Andersen sorprendido porque Wendy había pasado el reto, le tuvo que dar la llave. Con esa llave pudo salvar a los piratas, y estos tan agradecidos con ella, decidieron revelarle el secreto de que esa misma llave también abría el tesoro. Para su sorpresa…¡el tesoro estaba hecho de legumbres doradas! Por lo que al final, juntos, compartieron el tesoro y volvieron a la isla a celebrarlo.
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