Había una vez un gato solitario al que le encantaba volar en su alfombra, que también era mágica. Este curioso gato se llamaba Rollado y era un gato muy enrollado. Todos los días salía en busca de un tesoro, pero siempre acababa volviendo con las manos vacías.
Un buen día Rollado se encontraba jugando con una bola de lana hasta que notó que ésta empezaba a temblar. De repente, la bola de lana se convirtió en una enorme dragona de piel verde y reluciente. La dragona le dijo:
- ¡Hola felino! Mi nombre es Jasmine. He venido a darte la oportunidad de tu vida.
- ¿La oportunidad de mi vida? Respondió Rollado.
- Así es. Tan solo necesito que inventes mil y un cuentecitos de nada.
- ¡Cuentecitos dice! ¿Y qué ganaré a cambio de hacerlo?
- Podrás pedirme tres deseos, lo que tú quieras, y te será concedido.
- ¡Sí claro! ¿Y tú quién eres, el genio de la lámpara de Aladdín?
- Escúchame, no tengo mucho tiempo. Hay un tal Simbad, Simbad el Marino, me persigue y quiere acabar conmigo…
De repente aparece Simbad de la nada y grita:
- ¡Ya te tengo! ¡Que le corten la cabeza!
Acto seguido Simbad junto con su amigo Popeye, dos marineros por excelencia, consiguieron lanzar una cuerda alrededor de la cabeza de la dragona, de manera que Jasmine quedó inmovilizada y pudieron completar su misión.
El gato, que se había quedado anonadado después de tal episodio, les dijo:
- Mirad, no sé quiénes sois ni qué problema teníais con Jasmine. De lo que estoy totalmente seguro es de que yo soy un gato muy enrollado y no tengo ni quiero problemas con nadie. Eso sí… me habéis robado mis tres deseos.
Simbad le respondió:
- Los dragones no son los que conceden los deseos, sino los genios. Ven con nosotros, necesitamos que nos ayudes en la búsqueda de un tesoro, y por lo que tenemos entendido todos los días sales en busca de alguno…
- En eso tenéis razón. ¿De qué tesoro se trata?
- Verás...hace mucho, mucho tiempo, en una cueva perdida en el monte Tai un antepasado tuyo guardó el tesoro más valioso del mundo. La entrada a la cueva está hechizada por una genio y nadie ha descubierto en siglos las palabras mágicas que consigan abrirla.
- ¿Pero es que vosotros no leéis literatura? ¡Está clarísimo! Para abrir la cueva necesitamos pronunciar las palabras“Ábrete sésamo”.
Rollado, Simbad y Popeye iniciaron rumbo a China, donde encontraron dicho lugar hechizado. Para acabar con este enigma sólo hicieron falta los dos segundos que tardaron en pronunciar dichas palabras.
Como veis, la literatura es la llave para abrir todas las puertas.
A continuación os dejamos el relato pero en soporte electrónico.

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