- ¡Mamá, papá! ¡Vamos a llegar
tarde! – dijo Sofía – ¡Los abuelos nos están esperando!
Sofía tenía 10 años, sus padres
se iban de viaje y ella iba a quedarse a pasar el fin de semana en casa de sus
abuelos. Ellos vivían en un pueblo alejado de la ciudad, en una casa rodeada de
naturaleza. A Sofía le encantaba ir allí.
Después de una larga hora de viaje en coche, llegaron a casa de los abuelos, que estaban esperando a Sofía en la puerta, con mucha ilusión. Se despidieron de sus padres y se fueron al porche a almorzar. Cuando ya tenían el estómago lleno, decidieron ir a pasear por los campos verdes cercanos.
Sofía subió corriendo a su
habitación a ponerse unas deportivas, no recordaba donde las había dejado, así
que comenzó a abrir todos los armarios de la habitación. Abrió uno, luego otro,
y otro, y al cuarto armario… encontró algo que le llamó la atención; un cuadro
que parecía viejo, en el que se veía un bosque pintado, con lo que parecían ser
dos personas al fondo, estaba firmado en una esquina por Jorge Villalba,
quien supuso que era el pintor de aquel cuadro.
Allí se encontraba Sofía,
observando aquel cuadro, quiso verlo con más detalle, se acercó, y se acercó un
poco más, y más, y más y… ¡CHAS!
De repente, Sofía se encontraba en el
suelo, un poco desorientada. Estaba abriendo los ojos e intentando levantarse,
cuando se dio cuenta de que ya no estaba en su habitación, estaba… ¿dónde
estaba? ¡Estaba en un bosque! No podía ser - ¡Pero si yo solo estaba mirando el
cuadro! – pensó - Espera, espera… ¡estoy dentro del cuadro! ¡este es el boque
que estaba mirando!
Alucinada, sorprendida y un poco asustada, se dirigió a lo que parecían dos personas al final del camino. Se iba acercando, pero las personas no se movían y tampoco las iba viendo cada vez más grandes. Llegó hasta ellas, eran un niño y una niña; pero seguían siendo muy pequeños, ¡del tamaño de un pulgar!
-Perdonad, ¿dónde estamos? -
preguntó Sofía a los niños del tamaño de un pulgar
-Estamos en un bosque
donde todo puede pasar, ven con nosotros, te enseñaremos un lugar maravilloso-
dijo la niña.
Sofía siguió a los niños hasta llegar a un palacio un tanto extraño, era de color marrón y olía muy bien, era un olor familiar, era… ¡chocolate! ¡¡¡Un palacio de chocolate!!! En la puerta había un hombre que era tan extraño y asombroso como ese lugar; dijo ser el dueño del palacio y Sofía le preguntó:
- ¿Cómo puedo salir de aquí? Yo
estaba en casa de mis abuelos…
A lo que el dueño del palacio de
chocolate contestó:
-No te puedo ayudar, lo único que
puedo ofrecerte es chocolate sin fin.
Sofía le agradeció su gesto, se despidió y continuó buscando cómo salir de allí. Los niños del tamaño del pulgar le siguieron - ¡Espera Sofía! Vamos a intentar ayudarte- dijo el niño. Sofía siguió los pasos de los pequeños, hasta que vieron a dos personas, un chico y una chica jóvenes, estaban serios y llevaban… ¡armas! ¿Querían hacerles daño? Sofía estaba asustada, los niños pequeños le dijeron que estuviese tranquila. Los jóvenes bajaron las armas en cuanto los vieron; no eran enemigos.
- ¡Hansel, Gretel! ¿Alguna
bruja que cazar? - dijo la pequeña.
- ¡¿Cazar?!- exclamó Sofía.
- Sí, a eso nos dedicamos - dijo
el joven - ¿En qué podemos ayudaros? - prosiguió.
- ¿Cómo puedo salir de aquí? -
preguntó Sofía.
- No podemos ayudarte, lo único
que podemos ofrecerte es protección ante brujas malvadas.
Así, los niños pequeños y Sofía continuaron su búsqueda. Llegaron a una gran roca, con un gran león encima, era impresionante. - ¿Vamos a pedirle ayuda a un león? – preguntó Sofía. Y eso hicieron.
- ¿En qué puedo ayudaros? – dijo
el gran león.
- ¿Cómo puedo salir de aquí? –
preguntó Sofía.
- Es muy sencillo, sígueme.
Los pequeños niños, el gran león
y Sofía se dirigieron hacia el bosque otra vez, donde todo había empezado. - Por
ahí es - dijo el gran león señalando un arbusto muy frondoso. Sofía se despidió
de los niños del tamaño de un pulgar y del león agradecida. Sin estar del todo
segura, se adentró entre las ramas del arbusto que el león señalaba, y
encontró una puerta, la abrió, y allí estaba en la habitación de casa de
sus abuelos, vio el cuadro tirado en el suelo y lo volvió a mirar, totalmente
incrédula.
- ¡Sofía! ¿Estás ya lista? –
gritó su abuela desde la planta de abajo.
- ¡Sí abuela, ya bajo!
*Referencias:
1. El cuadro en el que se adentra
es en el de Hansel y Gretel de Jorge Villalba (Arte).
2. Los niños con los que se
encuentra son del tamaño de un pulgar, haciendo referencia a Pulgarcito
(LIJ).
3. El palacio del chocolate hace
referencia la Charlie y la Fábrica de Chocolate y el dueño hace referencia a
Willy Wonka (LIJ y Multimedia).
4. Los jóvenes que cazan brujas
hace referencia a Hansel y Gretel: cazadores de brujas (Multimedia).
5. El león y el arbusto que acaba
en una puerta que le lleva a su habitación hace referencia a Las Crónicas de
Narnia (LIJ y Multimedia).





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